martes, 24 de diciembre de 2019

José Miguel Oviedo: El lenguaje de la pasión


Por Domingo Varas Loli

Suele afirmarse que la mayoría de críticos literarios son creadores frustrados, que escriben tediosas e inútiles paráfrasis o inventan un lenguaje críptico para que su interpretación de los textos aparezca como más inteligente, sagaz o interesante. Este no es el caso de José Miguel Oviedo (Lima, 1934) que acaba de fallecer tras una larga trayectoria de crítico, ensayista, creador y profesor universitario. La calidad de sus textos críticos no tienen nada que envidiar a los poemas, ensayos, cuentos o novelas sometidas a su escrutinio y lo que es más importante suelen provocarnos su lectura.
Después de leer su libro “Mario Vargas Llosa: la invención de una realidad” (Barcelona, 1970, 1982, 1987) sentí un interés voraz por leer la obra completa de este escritor. El mismo efecto me produjo “Genio y figura de Ricardo Palma” (1964). No he leído otro ensayo con la lucidez y la prosa tersa y atildada con la que Oviedo desmenuza la labor creativa del más importante escritor peruano del siglo XIX. Otro de sus libros que marcó a nuestra generación fue la modélica antología “Estos trece” de los poetas de Hora Zero.
Sus aceradas armas de crítico literario las empleó a fondo para desentrañar las técnicas literarias de las obras que constituyen el primer ciclo narrativo del autor de “Conversación en La Catedral”, guiando al lector en medio de los laberínticos diálogos telescópicos utilizados para crear esta novela. Con un lenguaje diáfano que hace asequible sus exegesis al lector más profano y una pasión por el texto analizado logra cautivar la atención del lector, al punto que uno lee “…La invención de una realidad” de principio a fin y luego lo relee como un texto de consulta.
En el rubro de la crítica académica una de sus obras cumbre merece una mención aparte es la “Historia de la literatura hispanoamericana” (4 volúmenes, Madrid, 1995-2001) que contiene brillantes análisis sobre la obra de Jorge Luis Borges, Alejo Carpentier, Juan Rulfo, entre otros escritores que admiraba. Este estudio enciclopédico fue antecedido por su “Antología crítica del cuento hispanoamericano del siglo XX (1920-1980) (Madrid, 1992) y su “Breve historia del ensayo hispanoamericano (Madrid, 1991).
Pero Oviedo no solo escribió enjundiosos libros destinados al mundo académico sino que ejerció la crítica más arriesgada, la que se despliega en los medios periodísticos, la que se parece a un juego de azar porque carece de la distancia temporal necesaria para formular un juicio crítico objetivo y contundente. Durante más de quince años desde El Dominical de El Comercio ofició de árbitro del gusto literario y asumió sin ambages el papel poco grato de lanzar veredictos sobre la calidad literaria. Muchos lo tildaron de arbitrario, subjetivo, elitista, furibundo, entre otros epítetos.
Sus artículos escritos para los periódicos no pierden vigencia y se pueden leer sin que sea condición necesaria conocer el texto reseñado. Hace algún tiempo leí su deslumbrante ensayo “Terra nostra: sinfonía del nuevo mundo” sobre la novela de Carlos Fuentes, y desde entonces tengo el deseo aún insatisfecho de leerla. Y cada vez que leo una crítica suya sobre un autor desconocido empiezo una encarnizada cacería de sus obras para corroborar el veredicto crítico de Oviedo.
Esta forma provocativa de hacer crítica literaria data de sus comienzos más remotos. En 1961 su tesis de doctorado –denominada “El fracaso del romanticismo peruano”- causó cierto escozor en los cenáculos literarios. Poco tiempo antes, en 1958, había protagonizado una escandalosa polémica literaria cuando publicó una crítica furibunda contra “Edición extraordinaria”, poemario de Alejandro Romualdo al que critica por sacrificar su talento literario en aras de una poesía comprometida social y políticamente.
En su libro de memorias “Una locura razonable: memorias de un crítico literario” (Aguilar, 2014) demuestra entereza al relativizar sus juicios críticos del pasado y admitir que en algunas ocasiones se había equivocado. Al referirse a su crítica al libro de Romualdo, Oviedo se plantea la siguiente autocrítica:
En mi recuerdo, ese texto era apasionado, implacable, irreverente, como lo que se suele escribir a los veinticuatro años. Estoy seguro de haberme equivocado, por exageración o irritación, en algunos puntos, y de haber cedido a mi propia exaltación. Había también elementos de diatriba y alguna frase burlona o poco caritativa. (p. 129)
En este ajuste de cuentas consigo mismo reconoce que “Con el paso de los años creo en menos cosas que antes…Conforme envejezco me he vuelto más exigente, menos tolerante con libros cuyas imperfecciones o carencias son visibles desde la primera página, o que hagan concesiones a la frivolidad o, por el contrario, se conciban a sí mismos como proyectos grandiosos.” (pp. 509-513)
Estas confesiones matizan su imagen de crítico feroz, capaz de acabar con las vocaciones literarias y hundir en el desánimo a los escritores en ciernes. En los años finales de su vida concebía la crítica literaria como “un ejercicio de la imperfección, una perpetua cacería que busca su presa mediante sucesivas aproximaciones y asedios, a veces fallidos” (“Dossier Vargas Llosa”, p. 10). Oviedo fue, además, defensor de una zona ambigua que enriquece al texto literario porque “Si se nos permitiese saber de modo entero todo, absolutamente todo sobre una novela o un poema, ya no necesitaríamos volver más sobre ellos, lo que equivale a declararlos muertos.” (Idem, p. 10).
Relativista convicto y confeso, el crítico literario sostiene que “La crítica no busca la exactitud de una verdad inmutable, sino el hermoso riesgo de sostener una opinión y someterla a prueba.”(Idem,p. 10). Cabe señalar que Oviedo durante su trayectoria alternó la crítica con la creación, escribiendo desde una obra teatral (“Pruvonena”) hasta libros narrativos como “Soledad & compañía” (New Hampshire, 1987), “La vida maravillosa” (Barcelona, 1989), “Cuaderno imaginario” (México, 1996; Lima, 1997), “La última fiesta” (Lima, 1998).
José Miguel Oviedo es, sin duda, uno de los más lúcidos y certeros críticos literarios que han surgido en el Perú en las últimas décadas. Su desaparición crea un vacío que será difícil de llenar.

Cerro Bolongo fue declarado el Cerrito de la Poesía


La Poesía llega a la periferia. Y ¿si la poesía se gestará ahí? De ahí vendría...
Hoy el grupo de Poesía Joven que lidera desde hace 15 años marco un hito en su trajinar de años. Llegó hasta el colegio Virgen del Carmen del Alto Trujillo y declaró al cerro Bolongo como el "Cerrito de la Poesía" como lo anunciamos desde este espacio hace unos días.
Las FELICITACIONES al poeta Manuel Medina V. y a todos los que hicieron posible instaurar hoy ese paso adelante por el quehacer cultural de Trujillo.


lunes, 9 de diciembre de 2019

James Joyce: El libertino de la palabra


Por Domingo Varas Loli

Nadie ha llevado la libertad creadora al límite más extremo que el irlandés James Joyce, quien fiel a sus necesidades expresivas no vaciló en traspasar las posibilidades expresivas del lenguaje al crear el Finnegans wake, un tour de force lingüístico cuyo resultado fue calificado de macarrónico, babélico, un rompecabezas verbal, entre otros descalificadores epítetos. Varias décadas después sigue desvelando a críticos y traductores.
Pero antes había escrito el Ulises, una verdadera obra maestra que en su capítulo final ya preludiaba el laberinto verbal del Finnegans Wake. El largo monólogo de Molly Bloom, en efecto, mima el flujo mental de esta mujer insatisfecha que recuerda rijosos pasajes de su vida sentimental. Todo este capítulo está escrito en ocho frases sin puntuación, unas veinticinco mil palabras que discurren como una corriente que se desborda de su cauce.
Con espíritu socarrón, Joyce dijo alguna vez que escribió el Ulises para mantener ocupados a los críticos durante tres siglos. No se equivocó, pues Richard Ellman, uno de los más lúcidos, expresó varias décadas después de la muerte del escritor que todavía estábamos aprendiendo a ser contemporáneos de Joyce.
Esta epopeya del lenguaje ocurre en un solo día: el 14 de junio del año 1904, y hace un retrato de la cotidianeidad en Dublín, ciudad que se erige como símbolo de la urbe moderna y las abigarradas relaciones humanas que allí se entablan; siguiéndole los pasos a dos personajes que son antípodas y complementos: Leopold Bloom y Stephen Dedalus. El impacto de la publicación de este libro aún detona en nuestros días. Fervientes admiradores como Jacques Mercandon incluso lo calificaron como la irrupción de un planeta por la meticulosa reconstrucción verbal de un mundo soberano y autosuficiente, en el que exploró las técnicas literarias más vanguardistas de la época; sobre todo el monólogo interior en su vertiente más radical, el flujo de la conciencia.
El resultado fue un torrente verbal al que solo se puede acceder siguiendo el consejo de José María Valverde, el autor de la mejor traducción de esta novela a la lengua española: “La mejor manera de leer Ulises sería zambullirse directamente en sus páginas, dejándose llevar por el poderío musical y ambiental de sus palabras…”. Este desasimiento del carácter significante del lenguaje llegó a su clímax en el Finnegans wake, donde se desvanece la trama y el lector solo escucha el rumor de las palabras. Un río de palabras sin anclaje en la lógica aristotélica, un magma verbal que antecede a la articulación del lenguaje.
Con la flema propia del humor británico, algunos de sus coterráneos han sostenido que, antes que nada, esta obra tiene que traducirse al inglés. Y Borges, al referirse al Finnegans en alguna ocasión, dijo que no leía borradores. Lo cierto es que esta proeza verbal conduce a la incomunicación al sacrificar la significación en aras de la musicalidad de las palabras y la búsqueda de las imágenes huidizas y remotas del inconsciente colectivo, la prueba es que hasta ahora se mantiene indemne a los múltiples intentos de traducción a otras lenguas.
En el español no contamos, por ejemplo, con una versión completa de esta obra inacabada que desveló a Joyce los últimos dramáticos quince años de su vida. Sólo existen traducciones parciales como la publicada por la editorial Tusquets del capítulo VII- “Anna Livia Plurabelle”-en el año 1993. El reto es encontrar un equivalente verbal en nuestra lengua a un heteróclito universo en el que solo el 10 o 15 por ciento de los vocablos son ingleses y el resto un híbrido de diversas lenguas que el autor dominaba, entre ellas el gaélico, el francés, el alemán y el italiano; así como el slang irlandés y británico. Como alguien afirmó, su traducción es para la literatura en lengua española una asignatura pendiente.

martes, 3 de diciembre de 2019

Infolectura organiza festival poético por los 100 años de Los Heraldos Negros





Como siempre es tradicional, Trujillo se viste de poesía. Serán tres días –del 5 al 7 de diciembre- de recitales, conferencias y presentación de libros en homenaje a los 100 años de la publicación del poemario “Los heraldos negros” de César Abraham Vallejo Mendoza.
El organizador del Festival y director de INFOLECTURA, Jorge Tume Quiroga informó que este II Festival de Poesía “Los heraldos negros. Cien años después” reunirá a importantes vates del Perú y de la región; además de otros artistas que llegarán a esta ciudad.
Entre los invitados de honor están Lizardo Cruzado, autor del libro de culto “Este es mi cuerpo”, quien viene a presentar su nuevo libro “No he de volver a escribir”; asimismo, Rodolfo Ybarra, Premio Nacional de Poesía 500 VL; y el Premio Copé de Plata en Poesía, James Quiroz. Otro de los ilustres invitados es Miguel Pachas Almeyda, importante biógrafo de César Vallejo, quien expondrá algunos detalles interesantes de la vida del poeta.
La inauguración del evento se ha previsto para el jueves 5 de diciembre (6:00 p.m.) en el Centro de Arte Acuario (Jr. Pizarro 671, interior 8A). El viernes 6, desde las 6 p.m., habrá una ceremonia especial en homenaje a “Los heraldos negros” en la Casa de la Identidad Regional, en la Plaza Mayor de Trujillo. El sábado 7 será el último día y el escenario nuevamente será el Centro de Arte Acuario. El ingreso es libre.
ENTREGARÁN LIBROS
“El mejor homenaje a Vallejo es leerlo, por eso en este festival se obsequiará mil ejemplares de Los heraldos negros”, adelantó Tume Quiroga. Agradeció al Gobierno Regional de La Libertad y a la Municipalidad Provincial de Santiago de Chuco por su valioso aporte a la consecución de este sueño.
POETAS PARTICIPANTES
Entre los consagrados poetas estarán presentes Luis Eduardo García, Ángel Gavidia, David Novoa, Parix Cruzado, Alfonso Sánchez, Miguel Ángel Pajares, Alejandro Benavides. Igualmente, Bethoven Medina, Jorge Flores, Dina Sánchez, Jorge Barboza, Antonio Escobar, Moisés Castillo, Jhony Ruiz, Leonela Rojas, Rubén Aguilar, Cronwell Castillo, Carlos Paredes, entre otros.
Una actividad significativa será el Recital del Taller Chizoer Ef, del penal El Milagro con la participación de los internos resocializados Santiago Urquizo y Pedro Robles Morán.

Gestor cultural Koky Tume en su reducto de Infolectura, desde sale para irradiar eventos literarios en diferentes puntos del país. 


Trujillo, martes 03 de diciembre de 2019

Intermedia-Redacción E.O.B.